Hace muchos años, tuvimos la oportunidad de leer “Las Almas Muertas” del ruso Gogol; un recorrido por el bajo mundo de la corrupción burocrática de la época de los Zares; el tipo aquel compraba las “almas muerta”, con el fin de hacer negocios ilícitos, presumiendo de tener una gran cantidad de “almas” a su servicio.
Desde entonces entendimos la “corrupción” que prolifera en los medios burocráticos de todos los niveles en cualquier parte del mundo; sistema implícito en cualquier administración. Pero cuando se ha vuelto un cáncer con inmunodeficiencia en los Tribunales, Agencias del Ministerio Publico y Juntas de Conciliación y Arbitraje; nos lleva a entender que el sistema educativo universitario que tenemos no es precisamente el apropiado para la salud mental de la sociedad.
Que un Juez Civil, resuelva en una sentencia mercantil que se pague antigüedad al “socio” de una empresa, como si fuere trabajador; raya en la “inocencia” o de plano en la estulticia.
Que un Agente del Ministerio Publico, ordene a la Junta de Conciliación que le entregue el dinero de la liquidación de un trabajador para liquidarlo en funciones de autoridad laboral; de plano es perder la dimensión del ámbito de su jurisdicción.
Peor aun que una Junta de Conciliación y Arbitraje; eleve a categoría de contrato laboral una simple “carta poder” para cobro de rentas; de plano raya en la estulticia.
Pero que para quejarse de algún funcionario se tenga que depositar una fianza, es el pandemonium; protección oficializada para corromperse.
Pan nuestro de cada día, que las autoridades encargadas de impartir justicia, legislen a su arbitrio invadiendo las jurisdicciones que no les compete y peor aun que esa invasión sea conciente, arbitraria e inmoral, bajo el pretexto que tiene el “recurso de revisión” o del “Amparo”; ciertamente en materia laboral el patrón puede recurrir al amparo, para lo cual debe de depositar una fianza de seis meses y garantizar el resto de la condena; a resultas que esos “seis meses” se los dividen entre el litigante y funcionarios de las juntas; entre ires y venires el patrón no los rescata porque los juicios se resuelven a los cuatro o cinco años.
El combate a la corrupción en materia judicial, se topa con connotaciones muy complejas de resolver; es común que el funcionario mayor; Jueces; Agentes del Ministerio Publico; o Presidentes de Juntas de Conciliación; paguen los platos rotos de los funcionarios menores, que son los que mueven el aparato burocrático; en “componendas inconcebibles”.
Regularmente la “Prensa”, que también “tiene los suyo” o “reclama lo suyo”; sin investigar a fondo “crucifica” al funcionario mayor; pero no ve que los menores “miembros de un sindicato”; son los que mueven los “hilos” del trajín que no alcanza a detectar el “Jefe”; y ¡claro!, cómo es el responsable; a ese hay que “tumbar”; los otros siguen firmes con su voto corporativo inamovibles.
Acabar con la corrupción implica un cambio de actitud hacia dentro del individuo con el fin de reorientar sus valores; pero cuando esos valores se miden por la cantidad de dinero que pueda tener a nadie le importa pensar en valores.
Las necesidades sociales, van corrompiendo todo el universo de seres humanos; y estas nos llevan a algo peor; acabar con los recursos naturales corrompiendo a la naturaleza; veamos la razón de esto.
Los peores depredadores de los bosques indudablemente que fueron los avances de la civilización; El Ferrocarril, El Telégrafo; Teléfonos y Compañías de Luz; en aras de trasportarnos por los caminos de hierro; los bosques se fueron talando; el telégrafo invadió las ciudades con sus postes de madera; cientos; miles si no millones de árboles se han talado para darle soporte de los cables de teléfonos y luz.
Si, por un lado, gozamos de los servicios que la tecnología de punta nos permite “el confort” de vivir bien dentro de la casa o en los negocios, mientras afuera; el planeta se esta quedando seco.
Ambos fenómenos “la corrupción” y la “depredación” tienen en común que son provocados por los seres humanos; por una parte para agenciarse recursos económicos “legales” con el fin de pagar los servicios que le permiten todo aquello que la ciencia actual le puede dar desde el “confort” del sillón de su casa.
En otras palabras se hace necesario redefinir la democracia que queremos, ante los constantes fracasos para poner orden en la corrupción; y conste que desde 1824, se intenta corregir con un “Decreto Arreglo de la Administración Publica”; hasta 1994, en que se crea la Secretaria de Contraloría y Desarrollo Administrativo del Poder Ejecutivo Federal; y por ende se crearon “Contralorías” en los Estados y en los Municipios.
Estas dependencias si bien, mantienen cierto control interno; también se utilizan para hostigar y sacudirse a los “enemigos políticos”, con exhaustivas revisiones; parecidas a las “inquisitoriales” hacendarías; “Si gastaste más de lo que ganas” entonces estas evadiendo impuestos; aunque fueren los ahorros de todos los años.
Hablar de “corrupción”, es hablar de “educación” y hablar de educación; es hablar de “pensar”, “razonar”; y la mera verdad ¡es que este tema es para predicar en el desierto a los sordos y a los mudos”; porque a nadie le gusta pensar, razonar o educarse.
Es tan confortable vivir en la ignorancia, pero gozando del confort y comodidad que los otros nos dan; que no tiene caso preocuparse de nada; si la vida es tan corta, y nadamas: “una sola ves se vive”.
En ausencia de una moral social; y de una crisis en el estado de Derecho; se multiplican los mayores escándalos de corrupción tan comunes que el ciudadano común, se vuelve indiferente.
Necesitamos educación, que entierre esos antivalores heredados por el caciquismo colonial autoritario; que preserve a la sociedad dentro de un marco óptimo de licitud; y que genere “pensantes” que resuelvan los conflictos de inmoralidad jurídica y depredación natural.