Miami, Beach, para mi fue algo mas
que un lugar turístico; mas allá de su playa,
sus centros comerciales, sus millonarios exitosos, su lenguaje,
sus restaurantes y cafés, te puede dar la sorpresa
al encontrarte a algun famoso personaje del arte, la ciencia,
el teatro y el cine; a mi me toco en suerte toparme con
Bill Clinton; -no en persona desde luego-, y sin el titulo
que tenía cuando vivía en la casa Blanca;
tuve la oportunidad de entrar en su vida intima a través
de su libro: “Mi Vida”.
En la librería – café,
que se encuentra en la “Lincon”, me tope con
el voluminoso libro que dedico a su “madre”
en primer termino; lo que llamó mi atención
pues dentro de la obra le dice “madre” La imagen
que tenía de este señor, era la de un risueño
y exitoso americano que había tenido, lo que todo
latino desea: en el “sueño americano”;
que además todos los fracasos los hacía triunfos
y que fue uno de los mejores presidentes contemporáneos
de los Estados Unidos, hasta ahí llegaba mi apreciación.
Que lejos se esta de la realidad;
Clinton, entrega su vida al “desnudo”; y al
desnudo nos hace entender los tropiezos y esfuerzos que
enfrenta en la vida cuando se vive sin padre; con un padrastro
alcohólico, cuando hay que trabajar para medianamente
comer; el titánico esfuerzo para guardar el secreto
de una madre golpeada y la impotencia de hacer algo, hasta
que se explota el estallido de valentía para defender
a quien le dio la vida de una golpiza dada por el padrastro.
Clinton; -me identifique con él-,
me recordó a mi madre: sin educación primaria;
embarazada por un estudiante de medicina quien tuvo otro
hijo el mismo día en que nací, sin reconocer
a ninguno de los dos, y a veinte mas que supe había
engendrado en esa fecha.
Clinton, continua con su charla amena
y sin complejos, que en una ocasión: “papá
–padrastro-, saco una pistola de la espalda y
disparo en dirección Madre. La bala se incrusto en
la pared en medio de donde estábamos ella y yo de
pie. Me quede helado y me asuste muchísimo”.
Escenas similares viví con
dos padrastros en el camino, pues mi madre por darnos un
sentido familiar y un padre que supla al natural, solo recibió
ingratitudes y vicios; golpes borracheras, desveladas e
intentos de suicidio; son los hechos cotidianos; explotación
del padrastro al entenado para continuar satisfaciendo la
adicción que va dañando el cuerpo, el alma
y la conciencia de quienes viven en ese infierno.
“Entonces no podía
darme cuenta, como sí puedo ahora, de lo mucho que
se preocupaba por mi” –dice Clinton refiriendo
el amor que su madre le tenía-. En este sentido yo
tampoco pude darme cuenta del inmenso amor que tenía
mi madre cuando detrás de unas rejas –la detuvieron
en una “razzia” de prostitutas-, me dijo: “me
voy a ir de esta ciudad” -Porqué le pregunte
-yo estaba en 1º. De Leyes-; “porque te estoy
haciendo mucho daño” –me dijo-.
Y se fue. Su enfermedad –alcoholismo- nunca pudo superarla;
mis familiares, la rescataron de un “chinchol”,
donde los “teporochitos”, no la querían
entregar, decían que era su “Lupita”,
en alusión a la virgen de Guadalupe; a mamá
le daba por curar con remedios y masajes caseros a los enfermos.
Y cómo dice Clinton: "¡Que
equivocado estaba!; fue ella la que me enseño a levantarme
cada día y a seguir adelante”. Y en efecto,
cierta madrugada cuando tenía 8 años; me levantó
del catre donde dormía; me llevó a un lugar
conocido por el rumbo de Vizcaínas –año
de 1958-, por donde estaban las prostitutas en el Distrito
Federal; en un zaguán de un taller mecánico
se encontraba un tipo dormido hinchado de congestión
alcohólica, hacía mucho frío y el tipo
aquel tenía los pies desnudos; mi madre puso un dedo
en el empeine y éste se hundió hasta el hueso,
así quedo el agujero aquel; volteo, se me quedo mirando,
y me dijo: -“esto es lo que hace el alcohol”,
después me encerró en un motel.
A esa edad, con el frío calando
hasta los huesos; entendí el mensaje de mi madre,
como muchos que me dio de esa forma: “Esto es
lo que hace el vicio; Halla tu si lo sigues, por que a mi
ya me afecto”.
Dice Clinton: “Siempre
habíamos estado muy unidos y yo sabía que,
cuando me miraba, no solo me veía a mi, sino también
a mi padre”. En cierto sentido sucedía
lo mismo con mi madre; el amor que me tenía era tan
inmenso que con su mirada me daba cuenta la dimensión
de su cariño; pero también el resentimiento
que le tenía a mi padre por haberla engañado
y echado a perder su vida; en ese momento si sucedía
algo que fuera motivo para desquitarse de mi padre, se desataban
los demonios y las golpizas que recibía de ella,
eran criminales sangraba por la cabeza –la hebilla
del cinturón la descalabraba-, pero si estaba a la
mano el cordón de la plancha los moretones en el
cuerpo duraban días.
Mi madre, después para aliviar
ese “complejo de culpabilidad” se perdía
hasta perder la conciencia y lloraba, y lloraba de arrepentimiento;
tantas veces que a los trece años, en un momento
de lucidez mental, se hinco delante de mi y me pidió
perdón; ¡Que difícil momento!; además:
¿quién soy yo para perdonar; el que mi padre
la engañara, la amenazara de muerte si tenía
otro hombre, y de pilón nunca le dio un centavo?;
¿quien soy yo para perdonar a mi madre?, que inocente
sin educación elemental luchaba por formar una familia
para sus hijos y en su sentido natural pensaba que evitar
caer en el error de mi padre, de engañar a una mujer,
era: educando a golpes; difícil momento en que el
alma se parte, se hace un nudo en la garganta y las lagrimas
fluyen sin poderlas detener y sin saber que hacer.
Cuando, Bill Clinton saludo a Kennedy,
retroalimento su natural liderazgo social y se avoco a seguir
la carrera de la Política. Cuando –estudiante
de 27 años- salude al entonces Presidente Luís
Echevarria en los Pinos; caí en la cuenta que era
un ser humano como yo o como cualquiera, quizá con
mejores oportunidades; Y desde entonces continué
estudiando para servir a mi comunidad en la medida de mis
limitados recursos y mis capacidades escolares adquiridas
en las escuelas nocturnas para trabajadores.
Clinton, fue Presidente de una Nación
por merito propio como le reconoció su madre; Mi
madre me dijo: “No puedo sentirme orgullosa de
ti” –Entonces estaba como Presidente de
una Junta Federal de Conciliación-, -¿por
qué? -le pregunte-. Porque no me costaste
a mi –me contesto-.
Miami, Beach; me dio la oportunidad
de conocer a un amigo –a través de su libro-;
un amigo, al que puedo visitar en cualquier momento; que
no me pide nada; que siempre esta ahí, para platicar
conmigo a cualquier hora del día o la noche de los
365 días del años; un amigo sincero del que
no se reciben consejos, pero si experiencias que pueden
ser útiles en este mundo que nos toco vivir.
El Libro también me recordó
los años difíciles al lado de mi madre; pero
fundamentalmente que la vida nos depara destinos inimaginables;
que cometemos errores de apreciación y la mente nos
juega trampas, que al lado de mi madre no hubo tragedias,
¡nunca!, todo fue una enseñanza empírica
de la universidad de la vida, que entender el amor de madre
en cualquier estado social en que se viva es lo mejor que
le puede suceder a cualquier ser vivo, ella y solo ella
es el manto sagrado que nos cobija por toda la vida.
No soy quien para recomendar el libro,
por que no se vaya a malinterpretar diciendo que soy “palero”,
en lo personal me parece que vale la pena “cargarlo”,
-para leerlo, por supuesto-, ya que es algo voluminoso;
tampoco se, si es un bet seller; lo que si parece -como
dice su autor-; “Es una buena historia”; que
ahora me hace reflexionar que de la vida he recibido lo
mejor.
Si; la vida me lo ha dado todo, pero
sobre cualquier cosa: mi madre, me enseño a ser feliz
con lo que Dios me ha dado, aunque lleve el apellido de
mi padrastro.