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por Gustavo Compean Vibriesca

 

Clinton y yo en Miami
por Gustavo Compean Vibriesca

Miami, Beach, para mi fue algo mas que un lugar turístico; mas allá de su playa, sus centros comerciales, sus millonarios exitosos, su lenguaje, sus restaurantes y cafés, te puede dar la sorpresa al encontrarte a algun famoso personaje del arte, la ciencia, el teatro y el cine; a mi me toco en suerte toparme con Bill Clinton; -no en persona desde luego-, y sin el titulo que tenía cuando vivía en la casa Blanca; tuve la oportunidad de entrar en su vida intima a través de su libro: “Mi Vida”.

En la librería – café, que se encuentra en la “Lincon”, me tope con el voluminoso libro que dedico a su “madre” en primer termino; lo que llamó mi atención pues dentro de la obra le dice “madre” La imagen que tenía de este señor, era la de un risueño y exitoso americano que había tenido, lo que todo latino desea: en el “sueño americano”; que además todos los fracasos los hacía triunfos y que fue uno de los mejores presidentes contemporáneos de los Estados Unidos, hasta ahí llegaba mi apreciación.

Que lejos se esta de la realidad; Clinton, entrega su vida al “desnudo”; y al desnudo nos hace entender los tropiezos y esfuerzos que enfrenta en la vida cuando se vive sin padre; con un padrastro alcohólico, cuando hay que trabajar para medianamente comer; el titánico esfuerzo para guardar el secreto de una madre golpeada y la impotencia de hacer algo, hasta que se explota el estallido de valentía para defender a quien le dio la vida de una golpiza dada por el padrastro.

Clinton; -me identifique con él-, me recordó a mi madre: sin educación primaria; embarazada por un estudiante de medicina quien tuvo otro hijo el mismo día en que nací, sin reconocer a ninguno de los dos, y a veinte mas que supe había engendrado en esa fecha.

Clinton, continua con su charla amena y sin complejos, que en una ocasión: “papá –padrastro-, saco una pistola de la espalda y disparo en dirección Madre. La bala se incrusto en la pared en medio de donde estábamos ella y yo de pie. Me quede helado y me asuste muchísimo”.

Escenas similares viví con dos padrastros en el camino, pues mi madre por darnos un sentido familiar y un padre que supla al natural, solo recibió ingratitudes y vicios; golpes borracheras, desveladas e intentos de suicidio; son los hechos cotidianos; explotación del padrastro al entenado para continuar satisfaciendo la adicción que va dañando el cuerpo, el alma y la conciencia de quienes viven en ese infierno.

“Entonces no podía darme cuenta, como sí puedo ahora, de lo mucho que se preocupaba por mi” –dice Clinton refiriendo el amor que su madre le tenía-. En este sentido yo tampoco pude darme cuenta del inmenso amor que tenía mi madre cuando detrás de unas rejas –la detuvieron en una “razzia” de prostitutas-, me dijo: “me voy a ir de esta ciudad” -Porqué le pregunte -yo estaba en 1º. De Leyes-; “porque te estoy haciendo mucho daño” –me dijo-. Y se fue. Su enfermedad –alcoholismo- nunca pudo superarla; mis familiares, la rescataron de un “chinchol”, donde los “teporochitos”, no la querían entregar, decían que era su “Lupita”, en alusión a la virgen de Guadalupe; a mamá le daba por curar con remedios y masajes caseros a los enfermos.

Y cómo dice Clinton: "¡Que equivocado estaba!; fue ella la que me enseño a levantarme cada día y a seguir adelante”. Y en efecto, cierta madrugada cuando tenía 8 años; me levantó del catre donde dormía; me llevó a un lugar conocido por el rumbo de Vizcaínas –año de 1958-, por donde estaban las prostitutas en el Distrito Federal; en un zaguán de un taller mecánico se encontraba un tipo dormido hinchado de congestión alcohólica, hacía mucho frío y el tipo aquel tenía los pies desnudos; mi madre puso un dedo en el empeine y éste se hundió hasta el hueso, así quedo el agujero aquel; volteo, se me quedo mirando, y me dijo: -“esto es lo que hace el alcohol”, después me encerró en un motel.

A esa edad, con el frío calando hasta los huesos; entendí el mensaje de mi madre, como muchos que me dio de esa forma: “Esto es lo que hace el vicio; Halla tu si lo sigues, por que a mi ya me afecto”.

Dice Clinton: “Siempre habíamos estado muy unidos y yo sabía que, cuando me miraba, no solo me veía a mi, sino también a mi padre”. En cierto sentido sucedía lo mismo con mi madre; el amor que me tenía era tan inmenso que con su mirada me daba cuenta la dimensión de su cariño; pero también el resentimiento que le tenía a mi padre por haberla engañado y echado a perder su vida; en ese momento si sucedía algo que fuera motivo para desquitarse de mi padre, se desataban los demonios y las golpizas que recibía de ella, eran criminales sangraba por la cabeza –la hebilla del cinturón la descalabraba-, pero si estaba a la mano el cordón de la plancha los moretones en el cuerpo duraban días.

Mi madre, después para aliviar ese “complejo de culpabilidad” se perdía hasta perder la conciencia y lloraba, y lloraba de arrepentimiento; tantas veces que a los trece años, en un momento de lucidez mental, se hinco delante de mi y me pidió perdón; ¡Que difícil momento!; además: ¿quién soy yo para perdonar; el que mi padre la engañara, la amenazara de muerte si tenía otro hombre, y de pilón nunca le dio un centavo?; ¿quien soy yo para perdonar a mi madre?, que inocente sin educación elemental luchaba por formar una familia para sus hijos y en su sentido natural pensaba que evitar caer en el error de mi padre, de engañar a una mujer, era: educando a golpes; difícil momento en que el alma se parte, se hace un nudo en la garganta y las lagrimas fluyen sin poderlas detener y sin saber que hacer.

Cuando, Bill Clinton saludo a Kennedy, retroalimento su natural liderazgo social y se avoco a seguir la carrera de la Política. Cuando –estudiante de 27 años- salude al entonces Presidente Luís Echevarria en los Pinos; caí en la cuenta que era un ser humano como yo o como cualquiera, quizá con mejores oportunidades; Y desde entonces continué estudiando para servir a mi comunidad en la medida de mis limitados recursos y mis capacidades escolares adquiridas en las escuelas nocturnas para trabajadores.

Clinton, fue Presidente de una Nación por merito propio como le reconoció su madre; Mi madre me dijo: “No puedo sentirme orgullosa de ti” –Entonces estaba como Presidente de una Junta Federal de Conciliación-, -¿por qué? -le pregunte-. Porque no me costaste a mi –me contesto-.

Miami, Beach; me dio la oportunidad de conocer a un amigo –a través de su libro-; un amigo, al que puedo visitar en cualquier momento; que no me pide nada; que siempre esta ahí, para platicar conmigo a cualquier hora del día o la noche de los 365 días del años; un amigo sincero del que no se reciben consejos, pero si experiencias que pueden ser útiles en este mundo que nos toco vivir.

El Libro también me recordó los años difíciles al lado de mi madre; pero fundamentalmente que la vida nos depara destinos inimaginables; que cometemos errores de apreciación y la mente nos juega trampas, que al lado de mi madre no hubo tragedias, ¡nunca!, todo fue una enseñanza empírica de la universidad de la vida, que entender el amor de madre en cualquier estado social en que se viva es lo mejor que le puede suceder a cualquier ser vivo, ella y solo ella es el manto sagrado que nos cobija por toda la vida.

No soy quien para recomendar el libro, por que no se vaya a malinterpretar diciendo que soy “palero”, en lo personal me parece que vale la pena “cargarlo”, -para leerlo, por supuesto-, ya que es algo voluminoso; tampoco se, si es un bet seller; lo que si parece -como dice su autor-; “Es una buena historia”; que ahora me hace reflexionar que de la vida he recibido lo mejor.

Si; la vida me lo ha dado todo, pero sobre cualquier cosa: mi madre, me enseño a ser feliz con lo que Dios me ha dado, aunque lleve el apellido de mi padrastro.

-- publicado el 11 de Febrero 2007 --
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