Cronicas
del mundo
LA OTRA IMAGEN URBANA
de Lic.
Gustavo Compean Vibriesca
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El
mundo de la adicción es una enfermedad
que va implícita con el ser humano en
todas las épocas y en todos los países,
una especie de cirrosis de la cual no quisiéramos
saber nada sin embargo forma parte del paisaje
urbano de cualquier nación.
Estos adictos de la ciudad de Ámsterdam,
viven en barrios apartados de las rutas turísticas.
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Ahí
perdidos en su mundo sin molestar –por lo menos no
a la luz del día-, a los demás, sociabilizan
entre sus iguales bajo códigos de honor tácitos
de sobre-vivencia.
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En
los andares por las calles de Montpellier, encontramos
a este ser humano alojado en una de sus banquetas
reposando la resaca de la vida que en apariencia
disfruta la temporada de vacaciones en los brazos
de Morfeo en una pesadilla con los demonios
de la Adicción. |
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En
Otawa, a una cuantas cuadras del parlamento
por la zona del mercado, -al igual que en mi
ciudad-, proliferan sobre todo gente joven solicitando
una monedas para “comer” –“I am hungry”- dicen,
o bien lo escriben en cualquier pedazo de cartón. |
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En
Tampico, en una plaza del centro esta mujer
se “cruzo” en un “pase”, hizo de su hogar el
árbol; lavaba y tendía su ropa
en ese pequeño lugar; sin recato se desnudaba
a plena luz del día para bañarse
en el grifo de agua publico. |
Los antiguos
de mi país –como supongo igual que otros países-,
les preocupaban este tipo de personas que se “entregaban
a actividades que podrían calificarse de “poco
usuales” o inusitadas”. Como lo refiere Sonia Corcuera
de Mancera en su libro “El fraile, el indio y el pulque”;
Evangelización y embriaguez en la Nueva España
(1523-1548).
Esta autora en sus investigaciones, menciona la presencia
de una fuerza ciega e impersonal que se apoderaba
de los hombres en determinadas circunstancias –como
podía ser la fecha de nacimiento-, e influía
a lo largo de toda su vida. Reconociendo de antemano
que había poca esperanza de remediar el mal
en quienes, habiendo nacido en determinadas fechas,
tenían además el habito del “pulque”.
Uno de los textos recogidos por fray Bernardino de
Sahagún, menciona en este sentido: que cualquier
hombre o mujer nacido bajo el signo dos conejo (ome
tochtli), sería inclinado a beber vino y “no
se podía remediar, ya que en esa fecha la fuerza
del dios vino era especialmente peligrosa y penetraba
en las criaturas que, por una fatalidad del destino,
nacían ese día.
Interesante resultaría hacer un estudio para
saber si los adictos caen bajo este signo o si las
distintas drogas tienen diferentes dioses, que afectan
igualmente en distintos ordenes de adicción
a los seres humanos.
A mi juicio analizar este fenómeno es bastante
complicado, ¿hasta dónde la sociedad
es cómplice de este mal?, ¿acaso los
mas fuertes sobreviven encausando sus hábitos
o aspiraciones en aventuras peligrosas en mares llenos
de tormentas de la vida al estilo balsero cubano?.
O será que los gobiernos han sido rebasados
en las legítimas aspiraciones de sus ciudadanos
a un mejor nivel de vida.
A los “borrachos” -en la época prehispánica-
y aun a los que empezaban a sentir el calor del vino,
cantando o dando voces; “Los trasquilaban afrentosamente
en la plaza y luego les derribaban la casa”. También
se les quemaba el cabello con ocotes en la plaza y
se quemaba su casa; Si el borracho era mancebo: “llevábanlo
a una casa llamada telpuchcalli y ahí lo mataban
a garrotazos”; En Texcoco a la primera falta, el plebeyo
era vendido como esclavo, y a la segunda, ahorcado.
Medidas sin duda muy crueles para estas épocas
pero que a los “antiguos” les dieron resultado para
mantener el orden en esa sociedad que vino a ser aniquilada
por la Conquista Española, en 1521.
Hay una obra –The Street Lawyer-, que por si sola
en los primeros cuatro capítulos nos hace reflexionar
sobre estos personajes indigentes, su autor John Grisham,
plasma los abismos de la pobreza y la riqueza en Estados
Unidos. De como el sujeto –greñudo y apestoso-
secuestra a un cuerpo de abogados con la amenaza de
explotar un cinturón adherido a su cintura
de cartuchos de dinamita, durante ese lapso, cuestiona
a los abogados sobre los cientos de dollares que ganan
en los juicios y de ellos no donan siquiera “one cent”
a los vagabundos que se alimentan de la caridad; fantástica
la narrativa en esos primeros capítulos en
que además la SWAT, logra meterle un balazo
en la cabeza al miserable aquel dejando en el lector
y en los personajes la interrogante de que, ¿qué
era exactamente lo que Quería el tipo?; - “What
was he doing then?” / - “I dont’n know”.
Misma interrogante que nos hacemos cuando vemos a
estos personajes en cada una de las ciudades del mundo
deambulando como el “judío errante” –dicho
de mi pueblo-, arrastrando la cobija.
Será que efectivamente nacieron bajo el signo
ome tochtli; ¿ son acaso victimas de las circunstancias?,
¿son los gobiernos culpables o es la misma
sociedad que se ha vuelto cómplice –indiferente
diría yo-, de esa enfermedad que aqueja soportándola
como a los parásitos, o una especie que no
se extingue como los políticos?; males necesarios
de nuestros propios destinos. Será ellos si
saben lo que quieren y nosotros no.
Y sin embargo son seres humanos, con sueños,
ilusiones, enfermedades y necesidades primarias.
(publicado
el 7 de Noviembre 2005)