Cronicas
urbanas de Mexico, Cuba y Europa
de Lic. Gustavo Campeán Vibriesca
Las ciudades
en el mundo son en cierta manera iguales en su condición
humana, caminar por las calles aun de nuestro propio
país, nos puede deparar una sorpresa a la vuelta
de la esquina, claro que las ciudades tienen sus connotaciones
de olor, a perfumes, comidas, y hasta secreciones
de los riñones; ruido de música folclórica,
gritos de vendedores, dinamismo y sentido humano.
En el Distrito Federal, de la Ciudad de México,
tenemos el famoso barrio conocido como “Tepito”. Internarse
entre los puestos y sus gentes es una verdadera sinfonía
de sonidos con un “tiplido” muy cargado de esa tonadita
“chilanga”; -“yeveeelee”, “jefeeecitooo”, “bara, bara,
bara”. Ahí se consigue todo lo vendible y no
vendible, desde huevos de tortuga, pasando por la
nueva tecnología cibernética, hasta
la youmbina o el viagra, de pronto pueden acercársele
unos tres o cuatro sujetos que le pueden decir: “Somos
ladrones profesionales”, “!aguas!” porque no se sabe
si se están promocionando o lo están
robando; mi reacción inmediata fue: “Si traen
alguna tarjeta, por necesito de sus servicios”, y
eso me salvo del robo del día.
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En
Barcelona, ahí en el inicio del paseo
de la Rambla, -caminando desde el monumento
a Colon-, es público y notorio el turista
“ingenuo”, que también puede ser “asaltado”
por un grupo de “vívales” joviales, reunidos
en una aparente platica sin importancia, de
pronto se separan tomando sus posiciones en
la estafa del día: Uno tiende una pequeña
tela en el piso, tres o cuatro lo rodean y empieza
el juego de la “bolita”. |
¡”Donde
quedo la bolita”!, una y otra vez lo repiten, el palero
empieza a perder, el turista ingenuo que cae en el
juego, puede en menos de cinco minutos ser despojado
de hasta ciento cincuenta euros, me consta, no los
perdí yo precisamente; llamo mi atención
ya que este “jueguito” lo vi, por primera vez en la
calzada de “Tlapan” México, en 1952 con tres
fichas, el juego de manos y dedos tan rápido
que engaña a la vista.
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Hay
ese mi Madrid!, tan lleno de historia, tan lleno
de contenido humano, sus verbenas –en las fiestas
de San Isidro-, y sus barrios llenos de música
–en largas jornadas nocturnas-, y unas hojitas
de hierbabuena. Pero “aguas” al llegar a la
estación de atocha: Puede ser asaltado
por la aparente inocencia de una joven gitana
de lo más atractiva; |
Son bellísimas
para manejar el arte de la coquetería entre
miradas y señas, seleccionado el “galán
recién llegado” en ese tren AVE -de alta velocidad-;
puede ser abordado con una flor en mano de la mujer
de sus sueños; -de su piel puede emanar esa
nitidez facial virginal-, si se le acepta la flor,
seguirá la lectura de la mano, por supuesto
que con una sonrisa que invita a pagarle entre diez
y cincuenta euros que ya para entonces de quien sabe
donde salen, se esta rodeado de otras tres o cuatro
mujercitas irresistibles que monitorean los bolsillos
o la cartera, en menos de un abrir y cerrar de ojos,
ya le leyeron ambas manos y hasta los dedos, pue’que
si bien le va lo pueden despelucar en ese ratito hasta
con unos ciento cuenta euros. –Por cierto si se le
pone atención son dirigidas desde cierta distancia
por un sujeto ya mayorcito-.
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En
Paris, puede relajarse un poco en los jardines
del Trocadero, -si es que se cuenta con un poco
de tiempo- entre el palacio de Chaillot y la
torre Eiffel, con un poco de suerte se le acercara
un vendedor de souvenir, que le puede ofrecer
pequeños artículos al precio de
entre cinco y siete euros, esos pequeños
recuerdos que en realidad cuestan noventa centavos
euro. |
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Si,
yo digo que las ciudades en cierto sentido son
iguales aun en los países comunistas,
o lo que queda de ellos; en la Cuba de Fidel
Castro se puede caminar por sus calles bajo
su propio riesgo; En Varadero es de lo mas seguro,
y pue’que en la Habana también; Hay que
estar ahí, para de viva presencia enterarse
que no todo lo que se dice es. |
Aunque es cierto
que “los jineteros” o “jineteras” merodean por todos
lados en busca de algunos dollares, los argumentos
son fantásticos, van desde un servicio de guía
de turista, hasta la vendimia, se acercan con esa
calidez tropical del buen cubano diciendo ¡Ha
Mexicano!, “compadre viva el América o viva
Fox”; ya en confianza se puede ser invitado al cumpleaños
de la “jinetera” que por mera “coincidencia” puede
resultar que sea al día siguiente, en la mayoría
de los casos no pasa de ser una buena convivencia
acompañada de un regalo del turista a la anfitriona,
lo de la relación sexual lo dejo a la imaginación.
; ahora que si acepta ser llevado a algún restaurante
de la ciudad, al salir de áquel, el “jinetero”
además de haber comido con usted, regresara
con el cuento que se le olvido algo, a recoger su
“comisión”.
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¡Ah!,
¿pero Roma?, -un relax en la Fontana
di Trevi-, amen de que en cualquier servicio
publico de transporte puede ser sorprendido
con ese fuerte olor a axilas que revuelve el
estomago, tiene también esa otra parte
de la que no queremos saber nadie de la mayoría
de las ciudades; Y aquí la ilustración:
resulta de una casual platica entre una maestra
llegada de Suiza y unos Turistas Mexicanos a
orillas del Rió Sena. |
En espera de
que un artista termine un cuadro a crayón negro
de a 30 euros. Terminado el cuadro llega la despedida
final de la charla; tratando de ser amable la maestra
con los turistas mexicanos –con los que ya simpatizo-,
al saber que van rumbo a Roma les hace –en un buen
ingles-, la recomendación: “Tengan mucho cuidado
con las bolsas de mano”, “les pueden ser arrebatadas
en cualquier momento”. De pronto (¿) se les
queda mirando y como si le hubiere caído un
balde de agua fría, les dice: “Pero que les
puedo decir a ustedes de esto si son Mexicanos”.
Si las ciudades todas tienen ese sentido humano, una
especie de ley de la selva. Mi bautizo llego a los
siete años, en el DF, ahí por el ahora
Eje vial uno y Eugenia; Pardeando la tarde fresca
de un Octubre de 1952, ya de regreso a la vecindad
se me acerco un tipo con un lote de libros de ingles:
“Niño, niño”, ¿me puedes hacer
un favor?. ¿Dígame señor?. –“Mira,
necesito entregar estos libros en la Escuela que esta
allá a dos cuadras a la maestra Ruth que es
mi novia, pero su papá no quiere que me le
acerque, ya esta hecho el trato con la Directora que
te va a pagar mil pesos; Si tú me haces el
favor de llevarlos y que te den el dinero yo te espero
aquí te voy a dar cuatrocientos pesos”.
¡Cuatrocientos pesos en ese año! ¡Uta!,
era todo el dinero del mundo. Para un niño
que vive de milagro con lo que gana al día
con sus chicles, eso era una fortuna.
Por supuesto que le haría el favor. Me entrego
los libros y agarre rumbo a la escuela, de camino
en la primera cuadra, la mente empezó a soñar:
“Hasta puedo sacar a mi mamá de trabajar de
ese café de chinos, cambiar el anafre por una
estufa de petróleo –estaba de moda en ese entonces-
comprar un litro de leche, una tableta de chocolate
abuelita y unos “bolillo” y como en mi ultimo cumpleaños
tomarme un buen desayuno con chocolate calientito,
quien quita y me alcance para unos zapatos porque
estos regalados ya tienen hoyos en las suelas y así
ya no me apesten los pies, comprar el juego de vasos
que no me alcanzo el 10 de Mayo para mi mamá”.
¡“Niño”!, alcance a oír la voz
del tipo aquel, me devolvió a la realidad apenas
antes de cruzar la calle para entrar a la Escuela.
¿Y si te pagan y te sales por una ventana con
mi dinero?, -¡Cómo cree señor!,
si usted me va a dar cuatrocientos pesos!. -Mira –dijo
el tipo-, déjame en prenda tu caja de chicles
y lo que traigas de dinero, cuando vengas te los devuelvo
con el dinero que te prometí.
Por supuesto que existía la escuela, pero no
la maestra Ruth, y claro, que había una directora
pero no sabia nada de los libros de ingles, al buscar
al tipo aquel ya había desaparecido en el comienzo
de la fría noche y con él, media caja
de chicles y mis diez y seis pesos ganados en el día.
Ya no habrá estufa de petróleo, ni zapatos
nuevos, ni chocolate caliente, ni juego de vasos.
pero si una buena paliza por dejarme robar el fruto
de una ardua labor de vendimia, en autobuses y tranvías.
De entonces a estos tiempos las cosas han cambiado
pues el “cerebro” para robarle a un niño o
a un anciano con esa “fineza” ya no funciona, ahora
a los ancianos en el DF, los matan p’a no batallar
y a los niños los drogan para poderlos explotar.
(publicato
el 18 de Octubre 2005)