Destejiendo
hilos naturales
de Ferran Estebaranz
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Quisiera comentarles
un par de anécdotas que me han sucedido recientemente.
Hace unos meses fui a la joyería a que me hicieran
una pequeña hoja de encina (Quercus ilex) en argento.
Hasta aquí ningún problema. Pero cuando le
pedí que me adjuntaran también el cordel de
cuero, me dijeron que de cuero ya no se hacían, que
sólo lo tenía de caucho. ¿Cómo
puede ser que no haya ya cordel de cuero? La otra anécdota
es mucho más reciente, pero tiene el mismo trasfondo
que la primera. Hoy he ido a la ferretería de mi
pueblo para comprar cordel para atar bien unas cajas de
mandera. Para mi disgusto y desesperación me he encontrado
que solamente tenían de plástico. El comerciante,
ante mi incredulidad, se ha vista forzado a reconocer que
las empresas están dejando de suministrar cordeles
de esparto (Stipa tenacissima) y cáñamo (Cannabis
sativa).
Pero el tema va mucho más lejos. Fíjense cuando
compren sus vestidos con qué materias primeras ha
sido confeccionado. Seguramente verán con suma sorpresa
que el lino (Linum usitatissium), algodón (Gossypium
spp) y lana han desaparecido en pro de subproductos del
petróleo tales como el nilón. ¿Cómo
puede ser que materias primas tan íntimamente relacionadas
con la especie humana hayan sucumbido recientemente? Los
productos tradicionales, ecológicos y que permiten
mantener, en parte, la vida en el campo están desapareciendo.
Pero no lanzo un lamento, sino una acusación a las
corporaciones petroquímicas. ¿No se han preguntado
nunca por qué se llaman petroquímicas? El
factor químico es una de sus bazas más importantes
con la fabricación de plásticos. Detrás
de esta extinción se encuentra su larga mano que,
desde la sombra, va tejiendo (o destejiendo, dado el caso)
muchos hilos. Están eliminando competencia, están
eliminando productos y están forzándonos a
depender por exclusivo de ellos. La crisis del petróleo
que tanto se comenta afectará a la gasolina, sí,
pero irá mucho más lejos: nilón, orlón,
dralón, poliéster, PVC, polietileno, poliacrilamida,
PET, todo tipo de plásticos (cables eléctricos,
neveras, coches, bolis…) y hasta las nubes y chucherías
de los niños. Pero es que nuestra economía
familiar ha sido planificada, diseñada y manipulada
por las corporaciones (con el consentimiento de los Estados)
para consumir y depender de Repsol, Shell, Texaco, CNOOC…
Las empresas petroquímicas han consigo lo que querían,
eliminar los productos naturales y obligar a los consumidores
a comprar sus productos. Somos sus siervos consumistas,
los que les pagan sus sueldos. No crean que los productos
naturales han dejado de venderse ya que no tienen mercado,
alguien se ha encargado de cerrárselos, y no precisamente
los consumidores. La próxima vez que vaya a comprar,
mire bien qué compra.
(publicado
el 20 de Marzo 2006)