En
vias de extinciòn
de Oiram Naimad
Tuve
el placer de presenciar un debate entre dos pensadores de
nuestro tiempo. Ambos, catedráticos y hombres de
bien. El tema planteado sugería que nuestra “decadente”
sociedad actual, vivía sumergida en una pugna eterna
entre los valores éticos y morales y la necesidad
intrínseca en las personas de la verdadera auto-expresión.
Después de varias horas de discusión, ninguno
aceptó la premisa del otro como válida. Sin
embargo, coincidieron en que “la sociedad actual está
en total decadencia. Ya nada es como antes. Se ha perdido
el respeto por la autoridad y las leyes. Más aún,
ya no tememos a Dios”. Está conclusión, me
llevó a imaginar un mundo sin dioses. Un mundo donde
reinara la razón del fuerte sin lógica ni
pretextos. Me imaginé la barbarie de otros tiempos.
La brutal y despiadada destrucción de hombre a través
del hombre.
Al limite de estas elucubraciones, nos encontramos con una
realidad. El mundo es como es. Podríamos intentar
modificar nuestras conductas, pero no cambiaremos al hombre
en su esencia. Tenemos necesidades y carencias que serán
resueltas al final de nuestra evolución, si es que
llegamos a ella. Las medidas que tomemos en el ínterin,
son las que nos podrán salvar o terminar de hundir.
Sin embargo, aún tengo serias dudas sobre el temor
a Dios y su relación con la decadencia de nuestra
sociedad. Más allá de los valores morales,
las leyes terrenas y nuestra necesidad de auto-expresión,
están perennes las odiseas de hombres de carne y
hueso que a través de los tiempos han intentado hacer
del mundo un lugar mejor. Estos hombres, sintieron y padecieron
como hombres. Fueron amados y odiados con sus defectos y
virtudes. Algunos sucumbieron a las más oscuras tentaciones
de la carne, pero para bien o para mal, dejaron un legado.
Los avatares de la nueva era intentan ampliar nuestras conciencias,
preparándonos para algo que estaría por suceder.
El debate está abierto. Tal vez la educación
no es garantía de un mundo mejor. Como diría
Rubén Blades en una de sus canciones: “¿de
que nos sirve tener inteligencia sino aprendemos a usar
la conciencia?”.
El Dr. Deepak Chopra hace hincapié en sus escritos
sobre la importancia de la intención como elemento
que define un resultado. En pocas palabras, existe una relación
directa entre lo que deseamos que ocurra y la intención
de dicho deseo. El hombre comparte un deseo común:
la paz. Pero el camino hacia ella a veces implica la guerra.
En una sociedad en decadencia, hablar de paz es una utopía.
Ahora usamos términos como reconciliación,
concertación, diálogo o negociación.
Todo queda resumido al deseo de unos pocos por encima del
deseo de todos. En todo caso, no pretendo crear polémicas;
no tengo esa intención.
(publicado
el 7 de Noviembre 2005)