Pobreza o miseria
IDENTIDAD PERDIDA
de Lic. Gustavo Compean Vibriesca
El nombre que llevamos cada uno de nosotros tiene tantas cosas que en ocasiones se van perdiendo en la memoria de los tiempos. Un maestro psicólogo en clases para aprender a escribir, nos encargo un tema, como ejercicio: hacer un análisis de nuestro nombre, –se los recomiendo-. Mi nombre es Gustavo. El apellido Compeán Vibriesca, dicho así no dice nada, es uno más en los granos de arena de la playa de nombres en el mundo pero, como había que hacer el ejercicio resulto lo siguiente:
Cuando tuve conciencia del nombre “Gustavo”, fue pasado a'penitas a medio día en algun lugar del tiempo del Morelia de mi infancia. ¡Gustavo !, escuche el grito fuerte de mi madre, el “puro tono” de voz auguraba tormenta con vientos de 300 kilómetros por hora, granizo y fuertes lluvias.
-¡Quien mordió este durazno!, -dijo-, mostrando de la canastilla de frutas el melocotón que le faltaba un pedazo, -confieso los duraznos a mis siete años eran mi fruta preferida-, -además “si”, intente la mordida pero cuando recordé las golpizas que me daba mi madre ya no había marcha atrás poniendo boca abajo el cuerpo del delito.
“Yo fui”, -le respondí casi orinándome de miedo-
“ Sabe lo que le pasa a los rateros” –dijo-.
“No”.
“Pos ahorita la va a saber”, agarrándome del brazo me llevo hasta donde estaba el “anafre” cociendo los frijoles, tomó una braza al rojo vivo con las tenazas y me la puso en la mano diciendo: -“esto es para que no vuelva a agarrar lo que no es suyo”, mientras el fuego áquel, quemaba la palma de la mano derecha. La conciencia se pierde, el alma se va y solo queda un nudo indescifrable en la garganta infantil – tanta crueldad por la mordida de un durazno -, pasado el primer trago amargo del fuego, llego el segundo: a “fuetazos” por todo el cuerpo.
Adolorido del alma, de la mano y del cuerpo en un llanto que se pierde en el túnel vació del espacio mental, buscando la ayuda divina se queda grabada la luz del atardecer que muere al acercarse la noche y la sonrisa de una “chismosa” que “sádicamente” se esconde detrás de una puerta causante del delito.
Pero como si aquella brutalidad no fuera suficiente, aun faltaba lo peor: empezaba a pardear la tarde, dando paso a la noche que agarra el cuerpo y el alma de un niño, “colgado de una viga” –una reata alrededor del pecho- purgando sus penas como santo cristo. ¡Ya bájelo de ahí!, le dicen las vecinas.
“Ahí se queda para que aprenda lo que le pasa a los rateros”.
En la sombra de la oscuridad una vecina se atreve a bajar el cuerpo y a escondidas se lo lleva a descansar a su cuarto. Aquí estas a salvo “ Gustavo”, “tu mamá ya no te va a pegar”, cansado y adolorido semidormido las pesadillas empiezan a causar estragos en el sopor del sueño aun se escucha el grito: “!Gustavo!, que lo quema, lo oprime y no lo deja respirar. No pos no de plano en ese entonces no me gusto el nombre “Gustavo”.
El apellido “Compeán”. Resultado del caso que solo existía el registro religioso como Bribiesca Sánchez -no el del registro civil- por aquello de la negativa del padre a reconocer el producto, -con la esperanza del reconocimiento pasaron los años-. Para efectos escolares no había nacido para el derecho, después de dos quintos y dos sextos en escuelas nocturnas no tenia certificado porque no estaba registrado civilmente.
Un alma compadecida ofreció su apellido “Cotocha” -suena feo verdad?-, no pos no lo acepte, -con el tiempo supe que el “Cotocha” era el nombre de su peluquería, él tenía un apellido cristiano-, finalmente mi padrastro accedió al registro, había cumplido los 18 años y no había problema de una demanda de alimentos. Finalmente podía terminar la primaria.
O sea que pude haberme llamado: Gustavo Velázquez Bribiesca si mi padre me hubiera reconocido, pero como no fue así, pude haberme llamado Gustavo Bribiesca Sánchez pero por ignorancia no lleve los apellidos de mi Madre, para venir quedando con el apellido Compeán.
Y finalmente el Bribiesca se cambio por el Vibriesca, por obra y gracia de una secretaria del Registro Civil, con la cabeza llena del humo de tanto fumar, ésta cambio el Bribiesca por el Vibriesca, al reclamo de tal desvarió “humogeriátrico” se molesto y amenazo con no hacer el tramite si la ponían a corregirlo.
Es decir: Pude haberme llamado: Gustavo Velázquez Sánchez, si hubiera existido registro del padre, o; Pude haberme llamado Gustavo Bribiesca Sánchez, si hubiera mantenido el apellido de mi madre. Pude haberme llamado Gustavo Cotocha Bribiesca, pero:
También, pude haberme llamado Gustavo Compeán Bribiesca, pero que como he dicho una anciana secretaria del registro civil me cambio por GUSTAVO COMPEAN VIBRIESCA. Después de tantas peripecias finalmente tengo un nombre; Ahora si tengo con que identificarme, pero para mi desgracia el acta de nacimiento parece que no fue suficiente:
Resulta que la Secretaria de Gobernación ahora expide una Clave Única de Registro de Población que no es fácil aprenderse de memoria, o sea que para el Gobierno yo me llamo: COVG450511HMNMBS03 , y según ellos con este documento puedo hacer cualquier gestión; Pero “no”, hay que agregar otro que me identifique con fotografía. Para la Secretaría de Hacienda yo me llamo COVG450511286, y ¡Aguas! Si uso otro numero.
Y si concurro a cualquier dependencia a identificarme pos no, ninguno de los documentos los hacen validos para efectos, es decir: Si muestro mi Licencia de Chofer con Fotografía y número A1436008 no es valida; Si presento Mi Cedula Profesional con fotografía y número 447301, tampoco es valida, y si presento mi Cartilla del Servicio Militar con fotografía y número menos.
Es decir los años que invertí como universitario no valieron para efectos de identificación -excepción de la licencia para ejercer una profesión-; El año en que di mi servicio militar para conseguir mi “Cartilla”, tampoco es valida para efectos de identificación y ya no se diga la licencia de Automovilista; solo dos documentos pareciera que son efectivos: El pasaporte y la Credencial de Elector , pero estos solo cuando se alcanza la mayoría de edad. Finalmente soy reconocido con la clave de Elector: CMVBGS45051116H900, y con este plástico finalmente quedo aceptado y reconocido en todo tramite ante cualquier dependencia privada u oficial.
Después de Tantas peripecias con el nombre y batallas para conseguir el acta de nacimiento termine con el nombre de un número en plástico del tamaño de una tarjeta de crédito el cual tengo que cuidar como la niña de mis ojos para no volver a pasar por grandes tragedias. Al término de mi tarea respecto al nombre, me quedo muy claro lo siguiente:
El doloroso aceptarlo pero de ves en cuando se hace necesario una nalgadita y una palmadita para educarse en la vida. No todo niño golpeado o de familia conflictiva resulta delincuente –al menos para mi no hasta el momento-. La pobreza no es pretexto para no estudiar. Cada uno de nosotros somos los arquitectos de nuestro propio destino, y es falso que por haber tenido una infancia infeliz en la vida se debe ser igualmente infeliz.
Cada uno de nosotros llevamos algun demonio que tenemos que dominar para no utilizarlo como pretexto con el fin de evadir la responsabilidad de los retos que nos presenta la vida y andar causando lastimas para justificar nuestras adicciones o nuestro propios errores echando culpas a otros.
Vida solo hay una, jamás habrá la oportunidad de volver a tener otra, el alma si es que existe se va sin el cuerpo, y es este último es el que nos hace sentir que vivimos plenos de sentimientos, esos sentidos son los que debemos disfrutar a cada momento de nuestra existencia en cada una de nuestras dimensiones temporales. Afortunadamente y a pesar de todo yo tuve madre, pero algunos políticos creo que ni eso tuvieron.
(publicado
el 29 de Dicembre 2005)