La
musas me han abandonado
de Mario Ruiz Damian
“El hombre, a lo largo de la historia, ha hecho de si mismo,
el centro del universo”. Está sentencia podía
sonar petulante, pero cabría preguntarse: ¿
hay un centro del universo?, y si existe, ¿dónde
está?. Estas interrogantes tendría múltiples
respuestas, dependiendo del punto de vista desde el cual
se enfoque. Las respuestas serían diferentes si las
preguntas fuesen hechas a un abogado, a un médico,
a un cura, a un niño, a un agnóstico, a un
político, a un físico nuclear, etcétera.
Lo irónico de la frase es que es cierta. Todos y
cada uno de nosotros somos el centro de “nuestro” universo.
Más allá de la petulancia, debemos reconocer
que cada uno de nosotros en el centro de un universo y a
la vez giramos y formamos parte del universo de los demás.
Lo más inquietante, según los expertos, es
que hay un Dios, un solo Dios, supremo, creador del universo
y todo lo demás. Pero, si hay tantos universos como
personas en el mundo entonces ¿hay tantos “Dios”
como personas en el mundo?. Esta demás hablar sobre
la importancia de las percepciones, que para todos los efectos,
pudiera tener esta aseveración.
Un colega me comentaba , en días pasados, que su
creencia religiosa era cuestión de educación,
pues él es ortodoxo, ya que sus padres son ortodoxos,
su familia es ortodoxa, sus abuelos, su primos y muchos
de sus amigos. Sin embargo, me confesó que le hubiera
gustado escoger su religión. O en todo caso, escoger
si quería o no practicar alguna. Hoy en día,
a pesar de ser un adulto, se siente incapaz de alterar la
tradición ortodoxa en su familia, pues él
piensa que “las religiones no garantizan la calidad del
ser humano y que Dios es la conciencia de cada quien”. Debo
reconocer que me sonó interesantísimo el concepto
“Dios es tu conciencia”. Eso explicaría porque algunos
se la llevan mejor con Dios que otros. Definitivamente,
en nuestra conciencia se arropan nuestras experiencias,
nuestros temores, carencias, anhelos, y frustraciones. Nuestras
conciencia nos hace humanos, pero nos recuerda que estamos
conectados con algo más allá, algo incomprensible.
Somos el centro de nuestro universo , y como todo en el
universo, debemos mantener el equilibrio necesario para
que el caos no se apodere de nuestra conciencia. Al hacerlo,
¿fungiríamos como dioses de nuestro mundo,
creadores de nuestra suerte?. Eso si es aterrador. Seríamos
enteramente responsables de lo que pase en nuestro universo.
Si Dios es tu conciencia, Dios existe cuando estamos concientes.
Si. Cuando estamos concientes de que existe. Eso quise decir
exactamente.
El saber concientemente de la existencia de algo, independientemente
de si lo vemos o no, es lo que nos hace dioses en nuestro
universo. Lo realmente importante es percibir, percibirnos
y ser percibidos. Lo demás es parte de una escenografía
donde representamos roles, personajes que varían
a lo largo de una historia porque cambian sus percepciones.
(pubblicato
il 12 Dicembre 2005)