-Retos vitales ante los nuevos tiempos
-Personajes de una era. Otra geopolítica
-Prioritario construir un nuevo Contrato Social
Gunter Grass, Premio Nobel de Literatura
1999, plasmó en la obra “Mi Siglo” lo
que para él significó el siglo XX, que vivió
tan descarnadamente, marcado como un hombre que en su juventud
formó parte de la fuerza aérea alemana durante
la Segunda Guerra Mundial.
Las dos grandes guerras del siglo pasado estigmatizaron
a varias generaciones que las sufrieron y las padecieron,
y sus consecuencias impactaron en el pensamiento de la prole
venidera.
Nadie mejor que el escritor germano para rescatar en sus
textos al mundo de la posguerra rendido finalmente a los
pies de un materialismo que erige el triunfo del individualismo,
del egoísmo económico, sobre la colectividad.
Fuera de cualquier intento de caer en un revisionismo histórico,
en resumidas cuentas, el siglo anterior no fue mucho mejor
que los pasados en cuestión de paz; paz social; derechos
laborales e inclusión de la población a una
serie de elementos importantes como educación, vivienda,
salud, satisfactores de ingreso; etc.
Claro que ante el contraste social y humano, el pensamiento
progresista enaltece los enorme adelantos de la ciencia,
de la tecnología, de la genética, la biotecnología,
la carrera espacial, el invento de Internet, la telefonía
celular y la masificación de las comunicaciones,
su globalización en ciernes, que nos permite escudriñar
hasta los rincones otrora más secretos como la realización
del Cónclave Católico.
Mientras que unos defienden los alcances otros recuerdan
los grandes lastres, los fracasos que emanan tanto de las
injusticias económicas como de las políticas
y que sientan en el banquillo de los acusados por igual
al socialismo como al capitalismo en sus distintas etapas
de metamorfosis, porque ninguno ha dado respuesta real a
los problemas sociales. En tanto que uno masifica la pobreza
con una plutocracia en el poder que lo tiene todo y que
exige a la colectividad su sacrificio individual por el
“bien común”; el otro expropia la riqueza
de muchos para generar la opulencia de pocos, y esos pocos
son los que controlan el poder político disfrazado
de democracia donde la mejor manera de asegurar la viabilidad
de su modelo es “fomentando el individualismo”
por encima de la colectividad, la gran amenaza.
En el libro “Del amanecer a la decadencia”,
de Jacques Barzun, toda una enorme antología de mil
303 páginas cuya lectura deja muchos dolores de cabeza,
se define al siglo XX de distintas formas: Época
de la incertidumbre; época de la ciencia; época
del nihilismo; época de las masacres; época
de la globalización; época de las dictaduras;
época del diseño; época de la derrota;
época de la comunicación; época del
hombre corriente; época del cine y de la democracia;
época de la ansiedad; época de la ira; y época
de las expectativas absurdas.
De todas estas definiciones sería menester añadir
un título que me gusta mucho de un libro de Dick
Morris y que daría como resultado “la época
de los juegos de poder”. Lo he pensado mucho sobre
todo a raíz de la muerte de Karol Wojtyla, su Santidad
Juan Pablo Segundo, que con su partida hace un año,
nos recuerda que el paso implacable del tiempo le está
dando vuelta a una página más de una historia,
al menos la que se cierne a la posguerra, formada por figuras
esenciales para comprender los grandes cambios de los últimos
cincuenta años.
La muerte derroca finalmente a los viejos líderes
que han ocupado años, décadas, de desempeñar
un papel clave en la redefinición de fuerzas en el
mundo. Las influencias, en distintas magnitudes y sentidos,
están plasmadas pero su partida, repito, nos lleva
a la reflexión de que estamos cerca de concluir esa
vuelta de la página. Desde Ronald Reagan, Margaret
Thatcher, la reina Isabel de Inglaterra, el derrocado Saddam
Hussein, Muammar Abu Minyar al–Gadhafi, Yasser Arafat,
Fidel Castro, el Príncipe Rainiero, Hassanal Bolkiah
de Brunei, el ayatolá Alí Jamenei de Irán;
todos, unos aún vivos, otros ya extintos como Juan
Pablo Segundo, han formado parte de una generación
crucial marcada por las tensiones mundiales y las distensiones
sociales.
A COLACIÓN
En el nuevo veremos el surgimiento de modernos líderes,
claves también, para el ajedrez de la geopolítica
y la geoconomía de un mapa globalizado que resiente
la perniciosa herencia del pasado.
El estado del mundo requiere de estadistas, visionarios,
líderes naturales con talento para el consenso y
las políticas demográficas y a favor del desarrollo
sustentable o sostenible.
Al mismo tiempo, los esfuerzos deben sumar a una población
obligada a actitudes proactivas, capaz de perdonarse y dejarse
de odiar tanto.
El futuro que nos aguarda no es fácil porque la erosión
es visible en todos los ámbitos y casi ningún
país se escapa: 1) Hay 23 millones de africanos que
comenzaron el siglo infectados con VIH. 2) Se prevé
escasez de agua, menor disponibilidad de tierras cultivables
y la caída en todas las actividades primarias, caza
y pesca. 3) El crecimiento poblacional forzará el
progreso económico de manera directa. Las proyecciones
indican una población mundial de 8 mil 900 millones
de personas para el 2050.4) Diversos ambientalistas apuntan
hacia una grave catástrofe derivada del alza en las
temperaturas, un plazo fatal que no puede revertirse, únicamente
mitigarse. 5) Si la concentración de CO2 se duplica,
la temperatura global subirá en al menos un grado
centígrado y hasta 4 grados como máximo. El
nivel del mar subirá un mínimo de 17 centímetros
hasta arriba de un metro. 6) Continuará la extinción
de más plantas y animales lo que seguirá creando
el círculo vicioso de irrupción de los ecosistemas.
7) Una población creciente demandará más
satisfactores lo que desatará la lucha por obtenerlos.
8) Los flujos migratorios seguirán acelerándose
porque la pobreza y la falta de oportunidades expulsarán
a más ciudadanos de África, Asia, América
Central y México.
Todo cuánto sucede y sucederá es fiel reflejo
del gran fracaso de los modelos de producción del
siglo pasado combinado con una grave crisis del desarrollo.
Por ello el ostracismo no es válido, los ciudadanos
debemos fomentar líderes capaces de construir un
nuevo Contrato Social, que rescate las concepciones más
visionarias de Jean Jacques Rousseau, para contener a tiempo
una gran escalada civil, el retorno al totalitarismo, la
regresión. Tenemos que asumir el reto generacional…
se lo debemos a nuestros hijos.
Agradezco sus comentarios a: claulunpalencia@yahoo.com