La
Bella Dormiente
de Yuli Castro
El
día 25 de este mes se conmemoró
el Día Internacional para la Eliminación
de la Violencia contra las Mujeres, lo cual
francamente hace que sienta una tremenda rabia
y frustración.
Si existe ese día es lógicamente
porque se vive, y se ha vivido, una situación
de sometimiento ventajoso y desleal hacia
el sexo femenino, y ha llegado a tal punto
que se ha tornado una necesidad social hacer
algo al respecto.
La sociedad entera demanda, aparentemente,
tomar medidas emergentes para frenar de una
vez por todas, esa ola de violencia en todas
sus variantes hacia nosotras. Pero, ¿instituir
un “Día Internacional” es una de las
soluciones?
Según las encuestas reveladas por el
organismo que tiene en su poder los datos
fidedignos, es decir el INEGI, el 47% de las
mujeres que viven en pareja, son víctimas
de vejaciones, maltratos, control económico,
sometimiento sexual, abusos físicos
y demás agresiones por parte de su
“amorcito”.
¡Uyuyuy! ¿Pues dónde quedó
aquello de “y vivieron felices para siempre”?
Parece ser entonces que esa dulce (y falsa)
frase solo pertenece a la imaginación
colectiva que anhela un modo de vida utópico
y que la decisión de vivir en pareja
no es tan atinada que digamos.
Cuando somos niños, solemos leer cuentos
fantásticos de amor y de encanto, donde
una bella doncella (algo inútil, ahora
que lo pienso) espera como única vana
misión en la vida, que llegue el apuesto
caballero que la ha de rescatar de la miseria
y la amargura, para llevarla a vivir con ella
a su castillo, llenarla de hijos y quehaceres
domésticos y ser para siempre muy felices.
Empezando por esas “trivialidades” se debería
empezar a reeducar a nuestra sociedad o, mejor
dicho, a nuestra niñez.
En lugar de seguir relatando esos cuentos
de antaño, se debería hacer
ya la versión de La Bella Durmiente
Reloaded. O de Blancanieves, o de Rapunzel.
Es lo mismo. Porque esas versiones de historietas
infantiles han quedado ya obsoletas para nuestra
actualidad y reclaman ciertos ajustes al libreto.
La Bella Durmiente, por ejemplo, debería
empezar por no ser quizás tan bella.
Hoy por hoy lo que debe destacar de una mujer
no es el estuche físico donde va envuelta
,sino la capacidad intelectual que posee.
Entonces, desde el título de esta nueva
versión, podría ser simplemente
“La Durmiente”. Ser bella o no, es ya un atributo
secundario pero nunca más el principal.
Entonces, la Durmiente podría pasar
su niñez y juventud, yendo a la escuela,
acudiendo a la universidad, preparándose
académicamente para obtener un trabajo
bien remunerado y digno que la convierta en
una mujer independiente y después,
tras conocer a varios príncipes, decidir
inteligentemente al que considera mejor partido,
sin reparar en las tierras que posee el susodicho
ni en su riqueza, sino viendo las cualidades
humanas que lo hacen grande y lo destaca de
entre los otros caballeros. Y nunca permitiría
entonces, someterse al yugo masculino por
aquello de “el que paga manda”. Si ella es
autosuficiente, no tendrá jamás
por qué soportar malos tratos por parte
de su galán.
Quizás entonces, no todo es tan difícil.
Lo que pasa es que hacen falta algunos ajustes
al modo interpretativo que tenemos como sociedad
de la vida en pareja.
Según la Real Academia de la Lengua
Española, la palabra “pareja” proviene
del latín pariculus que significa igual.
He aquí la verdadera clave de todo.
El día en que los hombres y las mujeres
seamos capaces de vernos con las mismas capacidades,
derechos y obligaciones, sin duda empezaremos
a cimentar una sociedad donde podrán
crecer nuestros hijos con mayor justicia y
equidad.
Pero mientras tanto, parece ser que es necesario
alardear cifras vergonzosas de abusos cometidos
en contra de las mujeres, esperando causar
tal grado de indignación, que lo único
que quede por hacer, sea instituir el Día
Internacional de las Amas de Casa que son
Golpeadas a Diario por sus Maridos Prepotentes
que se Sienten con Derechos Sobre su Persona.
Amén.